Sedal y cebo
por
Aland Ave Marina
e llamo Aland Ave Marina. Que sea famoso o no es algo irrelevante.
No soy escritor. Sucede que mi mujer me regaló esta pluma cuando me jubilé. Dijo que era un regalo. Para mí es una carga, pero supongo que muchos maestros sienten lo mismo. Si tuviese que cruzar el puente a Sovngarde, me llevaría conmigo todo mi conocimiento. Difíciles lecciones aprendidas a base de décadas pescando en las aguas de Skyrim.
En el transcurso de mi vida he pescado en aguas abiertas y profundas, entre tormentas en las que ningún mortal osaría aventurarse. He descendido por cavernas insondables y desafiado a los monstruos de las profundidades con mi anzuelo. Lo he visto y pescado todo, ya fueran peces, monstruos o botas.
Entre dos mundos. En esta guía te enseñaré a hacerlo a ti.

Capítulo I:
La caña
Lo mismo que un guerrero necesita una espada y un herrero un martillo, lo primero que necesita un aspirante a pescador es una caña. Puedes comprarlas en tiendas de artículos normales o encontrarlas en lanchas y muelles, abandonadas por otros pescadores que hayan pasado por el lugar antes que tú. Cuando te hagas con una, debes blandirla como si de un arma se tratase, balanceándola de un lado a otro. Siente su peso y equilibrio. Debe convertirse en una extensión de tu cuerpo y tu mente.

Capítulo II:
Suministros
Una vez que consigas una caña, lo siguiente será obtener suministros. Se trata de cebos y otros artículos esenciales para capturar al pez una vez que lo hayas arrastrado cerca de la costa.
Sin embargo, no hace falta que lleves los tuyos propios. En Skyrim es costumbre dejar suministros de pesca junto a las aguas donde abundan los peces. Encontrarlos es como recibir un saludo, un "hola" afectuoso de un pescador a otro.
Cuando hayas terminado, deja estos suministros para el siguiente pescador que venga. Esa es la costumbre.

Capítulo III:
Lanzar el sedal
Cuando ya te dispongas a empezar, usa los suministros de pesca para cebar el anzuelo. Luego lanza el sedal con energía y deja que el anzuelo se sumerja bajo la superficie.
El arte de la pesca requiere paciencia y concentración. Tendrás que usar especialmente dos sentidos: la vista y el tacto.
Tal vez te preguntes cómo saber si hay peces cerca que poder pescar. Es algo muy parecido a la atracción que sienten las polillas hacia el fuego. Cuando el cebo toca la superficie del agua, los peces que hay cerca acuden animadamente. Las ondas que se forman en la superficie anuncian rápidamente su presencia.
¡Observa con atención por si aparecen estas ondas! Cuanta más agua se agite, más peces habrá. Por contra, si la superficie está tranquila cuando el sedal toca el agua, sabrás que no quedan peces que pescar, y tendrás que volver en un día.
Con el tiempo aprenderás a distinguir los peces por la forma de dar tirones al sedal. Serás capaz de distinguir el mordisqueo curioso del betty de río y el tironeo ansioso de la carpa.

Capítulo IV:
Recoger el sedal
Una vez enganchado el pez, se acabó el tiempo de la paciencia y la serenidad. Ahora es la guerra. El pez empezará a sacudirse y a luchar por su vida, pero tienes que seguir agarrando con firmeza y mantener la concentración mientras recoges el sedal y sacas la presa del agua.
Una vez que lo hayas sacado, el pez es tuyo. Límpialo, cocínalo y cómetelo como más te plazca. Según tus costumbres, puede que sigas diversos rituales. Pero para todo pescador, cobrarse una pieza es motivo de celebración.

Capítulo V:
Presas raras e inusuales
Cada clima diferente tiene sus peces autóctonos. Si buscas variedad, no te quedes en un solo sitio. En los lagos y arroyos de agua templada al sur podrás pescar piezas diferentes que en charcas bordeadas de nieve y cavernas de negrura insondable.
Cuando busques un pez que pocas veces se deje coger, ese pez excepcional y raro del que uno se pasa años alardeando, lo mejor que puedes hacer es pescar cuando el sol esté bajo en el horizonte. El amanecer y el anochecer son el mejor momento para atrapar a estas criaturas escurridizas.
Si vas en busca de los peces más raros, necesitas cañas especiales. Consulta a quienes trabajan en el caladero de Riften. Haz caso de sus consejos y su sabiduría, igual que has hecho conmigo.
Por supuesto, no todos los peces sirven para llenarte el estómago. Algunos pueden llenarte el monedero, mientras que otros resultan interesantes para quienes preparan pociones.
En mis viajes incluso he oído hablar sobre cañas de fabricación enana, capaces de atraer los abalorios perdidos, sumergidos al fondo de charcas y lagos. La finalidad de esto escapa a la comprensión de un simple nórdico como yo. A medida que avanza el mundo, estas cosas se pierden con el paso del tiempo.

Capítulo VI:
En conclusión
Pues ya está. Como advertí al comienzo de este viaje, no soy escritor. Esto que lees no son palabras, sino parte de mí.
Es el muchacho inexperto que en su arrogancia casi termina arrastrado al agua por un pez de colores.
Es el pescadero tembloroso, sentado sobre un cubo helado en plena noche, rezando a Kyne por ver amanecer.
Es el anciano del lago que toma una poción de fuerza y retrocede en el tiempo para poder pescar a un viejo enemigo.
Es parte de mí, y si prestas atención a su mensaje, se convertirá en parte de ti.