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Santos y seductores


de
Andoche Marie



Nota del autor

La meta del presente volumen es catalogar y analizar los hechos conocidos, las sospechas y los rumores sobre las dos razas que se encargan de mantener el orden en las Islas Temblorosas. No pretende ser un tratado de autoridad sobre la materia, sino más bien, un esfuerzo personal del autor para comprender mejor a estas criaturas singulares.


Al servicio de nuestro amo y señor

sta obra no pretende determinar los orígenes de los santos dorados y los seductores oscuros. Son daedra y, como tales, su mera existencia constituye un misterio para los mortales. La arraigada creencia de que los daedra son incapaces del acto de la creación sugiere que ni el mismísimo Sheogorath sería el responsable de su existencia. Y, sin embargo, cabe señalar que el Príncipe de la Locura tiene motivaciones y poderes insospechados y que quien intenta desentrañarlos está condenado a terminar aún más confuso.

Baste, pues, con constatar que existen y saber que es así. Sin embargo, más allá de esta primera certeza, resulta curioso comprobar que tanto los santos como los seductores sirven a Sheogorath sin la menor vacilación. A juzgar por todos los indicios existentes, esta lealtad es definitiva e imperecedera, pero no es fácil saber cuál es su origen. ¿Fueron engañados por el Dios Loco? ¿O simplemente decidieron aliarse con el poder más grande del reino? En obras anteriores se sugiere que los daedra optaron por servir a sus señores a cambio de protección y seguridad. Y nadie puede negar que los santos y los seductores cuentan con ambas cosas en las Islas Temblorosas; de hecho, moran en fortalezas a las que tienen acceso muy pocos que no pertenecen a su raza. En ese reino ostentan un gran poder y ejercen como guardianes de quienes sirven a Sheogorath. Siempre están luchando por el favor de nuestro señor, y se enfrentan con cualquiera que se atreva a oponerse a él y, en ocasiones, entre sí. Por tanto, parece razonable asumir que su posición y su condición en las islas son fruto de una decisión voluntaria.


Carácter y sociedad

a primera imagen que acude a la mente al oír el nombre "santo dorado" es la de una figura angelical, elegante y benevolente. Por ello resulta doblemente irónico que, mientras que los santos dorados encarnan esta imagen por su forma, exhiben una conducta que es casi antitética. Son una raza orgullosa, arrogante, colérica y cruel en sus castigos. Es indudable que consideran inferiores al resto de los moradores de las islas y no hacen el menor esfuerzo por ocultarlo cuando tratan con ellos.

Por su parte, en el caso de los seductores oscuros tampoco hay demasiada semejanza entre el aspecto y la conducta, más allá del nombre. Aunque también se consideran superiores a todos los demás habitantes del reino, parecen más pacientes e introspectivos por naturaleza. En sus tratos con los mortales, a menudo se muestran humildes y se sabe que pueden mostrarse pacientes con las "razas inferiores".

De hecho, los términos "santo dorado" y "seductor oscuro" son creaciones externas. Aunque ambos grupos los reconocen y responden a ellos, tienen nombres propios para sus razas: los aureal y los mazken, respectivamente. Puede que a los daedra no les interesen los nombres y títulos que les dan los seres inferiores o puede que les diviertan. Sería muy conveniente profundizar en este tema, pero no resultará fácil, dado que ni los santos ni los seductores ofrecen información personal sobre sí mismos sin recibir algo a cambio.

Pueden extraerse otros datos de la observación directa. Es fácil constatar que nos encontramos ante dos grupos de marcado militarismo en su estructura social. La disciplina y la fuerza personal determinan la posición de los individuos en la sociedad. Así, por ejemplo, los subordinados veneran a sus comandantes militares. Un análisis más profundo pone de manifiesto una segunda característica: nos encontramos ante dos sociedades matriarcales. En la guardia de Nueva Sheoth solo hay oficiales hembras, que además son las que ocupan los puestos más importantes. Los varones, aunque no son denigrados de manera abierta, están a todas luces sometidos a sus superiores femeninas. No está claro cuándo comenzó esta práctica, pero sí que está plenamente integrada en las vidas cotidianas de ambas razas.


Conflicto y conquista

ualquier habitante de las Islas Temblorosas podrá confirmar que no es prudente provocar a los santos dorados o a los seductores oscuros. Ambas razas adoran el conflicto y la guerra, y no dudan en castigar a quienes desobedecen sus órdenes. Sin embargo, no les basta con actuar como guardianes del reino, sino que a menudo se enzarzan en combate entre sí, a pesar de habitar en zonas donde es poco probable que se encuentren. Es posible que esto sea una válvula de escape para una propensión natural a la violencia, pero los repetidos enfrentamientos entre ambas razas podrían representar también el intento de granjearse el favor de Sheogorath. Si una de las dos lograra imponerse a la otra, demostraría su superioridad y el derecho a ejercer su control sobre el reino en exclusiva. La batalla de Cylarne es de especial interés en este aspecto, pues enfrenta a ambos grupos desde tiempos inmemoriales sin esperanza de resolución a la vista. ¿Sirve este conflicto para perfeccionar las habilidades marciales de ambos bandos o los debilita cuando sus fuerzas podrían emplearse en otras tareas? Y si se trata de un conflicto irresoluble, ¿por qué no interviene Sheogorath para zanjarlo?


Religión y ceremonias

oco se sabe de las costumbres privadas de los santos dorados y los seductores oscuros. Ambas razas se muestran esquivas en lo tocante a sí mismas, sobre todo para hablar del misterioso proceso por el que regresan a su reino en los raros casos en los que les alcanza la muerte.

Es bien sabido que, como daedra que son, no se puede matar a los santos dorados y a los seductores oscuros. Su ánima es expulsada a la oscuridad de Oblivion, desde donde puede volver al reino para cobrar forma una vez más. Pero los testimonios sobre el tiempo que tarda un daedra en volver al reino desde las Aguas de Oblivion son anecdóticos y nada concluyentes, mientras que el proceso que explica este regreso sigue revestido de misterio. Basándonos en patrones de conducta y en la fuerza de los números, podemos deducir que la fortaleza de cada raza desempeña un papel muy importante dentro del proceso. La frecuente repetición de algunas frases (como "que las campanas te llamen a casa") sugieren que, en lugar de tratarse de una simple metáfora, podría ser que el sonido desempeñe algún papel. De hecho, se cree que las campanas a las que aluden santos y seductores existen de verdad y se podrían considerar casi reliquias sagradas. Pero todos los intentos de obtener información sobre ellas o sobre la manera de utilizarlas se han topado con una hostilidad manifiesta y han tenido que ser abandonados.


Cualquier información relativa a los santos dorados y los seductores oscuros, y muy especialmente si tiene que ver con sus orígenes y costumbres privadas, debe remitirse de inmediato al autor. Cuanto más profundo sea nuestro conocimiento, más capacidad tendremos de comprender a estas criaturas fascinantes.