Gadnor, mi compañero y amigo de confianza, ya descansa. He levantado un santuario en su honor, que brindará paz a los viajeros cansados.
De las pocas posesiones materiales que tenía en vida, la más preciada era un martillo de guerra hecho de un cristal que, según cuentan, ganó a cara o cruz. Después de meses de investigación, llegó a la conclusión de que era una especie de tesoro de otro mundo. Su último deseo fue que lo escondiese hasta que venga a reclamarlo "alguien que habrá caminado por las Islas Temblorosas". He seguido sus instrucciones al pie de la letra y ahora el martillo está protegido por un poderoso hechizo de ocultación.
Para romperlo, hay que conseguir sendas muestras de los materiales con los que supuestamente está hecha el arma: "ámbar" y "mineral de locura". De existir, serían valiosísimos por sí mismos. Si he lanzado bien el encantamiento, el hechizo se romperá al colocar los minerales en las brasas que hay junto al cuerpo de Gadnor.
Si mi amigo no estaba loco, es posible que algún día esta arma inigualable vuelva a empuñarla una mano digna.