Nuestro herrero, Joften, ha enloquecido. La mayoría del tiempo no hace más que decir disparates. Todo empezó hace tres días, pero ahora no quiere ni coger el martillo. Hemos tratado de hablar con él a ver si recobra el seso, pero es como si no nos viera.
Puso por escrito las técnicas para forjar nuestras armas y armaduras doradas, y también las de los seductores... ¡y el muy imbécil no le dijo a nadie dónde guardó las notas! Si no fuera porque tenemos la esperanza de que se recupere, ya le habríamos aligerado del peso de su cabeza.
Últimamente ha empezado a hablar de "jugar bajo el puente", como si aún fuera un niño. "Ahí es donde siempre escondía mis juguetes", le he oído decir. Sé que su familia vivía cerca del aserradero de la Media Luna. Habrá que enviar algunos muchachos a echar un vistazo.