16 de Ocaso, 200 de la Cuarta Era
Me he instalado en lo más profundo de las alcantarillas de Soledad, lejos de los curiosos. Sin duda, aquí nadie me molestará mientras continúo con mi labor.
Sufro por tener que trabajar con esos imbéciles, esos bandidos con cabeza de queso. ¿O era cerebro de yogur? Es irrelevante, supongo. No son más que coágulos de productos lácteos desecados al sol. Son demasiado estúpidos para comprender el valor de lo que roban o entender que, si ellos valen algo, es solo porque lo roban.
Tal como habría hecho nuestro amo y señor, los he dividido en dos grupos para cubrir todas las rutas de las caravanas. Las armaduras que he encontrado en estos túneles les servirán. Incluso podría convertirlo en una competición. La banda que me traiga más artefactos recibirá una pastilla de jabón como recompensa.
28 de Mano de lluvia, 201 de la Cuarta Era
Cuantos más artefactos reúno, más en comunión me siento con nuestro amo y señor. Puedo sentir cómo me recorre su sabiduría y cómo determina cada una de mis decisiones. Pero aún me falta algo, pues nada de lo que he conseguido hasta ahora me ha permitido regresar a la bendita Manía. De hecho, en mi desesperación, he empezado a utilizar símbolos de Demencia.
Con cada intento fallido, mi paciencia se va agotando un poco más. Es tal mi crispación que puede que, para calmarme, tenga que estrangular a un bandido... o dos... o veinte.
15 de Mitad del año, 201 de la Cuarta Era
Sheogorath debe estar satisfecho. Muy muy satisfecho. El nuevo artefacto es un hallazgo realmente notable. Sí, muy muy notable. Y pensar que casi lo desechan tomándolo por un arma vulgar y corriente cuando, en realidad, es la Espada de Jyggalag, el arma esgrimida por el Príncipe del Orden.
Es la calidad de la factura lo que delata su naturaleza. Simetría perfecta entre ambos lados, el mismo ángulo hasta el décimo decimal... o el vigésimo, o el cuadragésimo. Esta noche intentaré determinarlo.
Pero su verdadero poder reside en el encantamiento. Pues, cuando observo su borde cristalino, percibo algo más que mi reflejo. Comienzo a ver el tiempo como ven las nubes un río. Tiene un principio y un final, pero ambos existen en concierto. El pasado, el presente y el futuro fluyen como uno solo.
El otro día hablé con una nube y me confirmó que es cierto. Gracias a las visiones de la espada, sé lo que se avecina. El camino se abrirá en las alcantarillas de la ciudad. La espada será mi puente.
22 de Mitad del año, 201 de la Cuarta Era
La Espada de Jyggalag revela muchas cosas más allá de mis propios deseos. Posee una lógica que me resulta familiar, pero al mismo tiempo me repele. Desea ir a Manía tanto como yo, pero su auténtica meta es la destrucción.
Y lo que es peor, siento la voz de nuestro amo y señor cada vez más distante, muda incluso. Me encuentro corto de pensamientos y más aún de palabras.
30 de Mitad del año, 201 de la Cuarta Era
Tengo que mantener separados mis escritos. Comienzo a tener la sospecha de que mis diarios hablan entre sí. No, la sospecha no. Tengo pruebas.
Pero no puedo ponerlas por escrito aquí, o mi futuro yo podría contar más mentiras. Cada pensamiento, pasado y presente, debe mantener la pureza.
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