2 de Primera semilla, 200 de la Cuarta Era
He tropezado con un sueño. No nacido del sopor o el letargo, sino de la vista y la razón. Tengo en mi poder un pedazo de ámbar con la forma del mismísimo dios loco. Cuando puse la mano sobre él por primera vez, me adentré en el mundo de Manía. Sentí que mi mente cobraba una inmensa nitidez y se me abrían los ojos para siempre.
Pero así como han de terminar todos los sueños, lo hizo también mi dicha. Con un solo paso al frente, volví a encontrarme en mitad de la espesura, muy lejos de mi querida Manía. Adiós a las colinas doradas, los tallos resplandecientes y las fabulosas fragancias, reemplazadas por el hedor de la flora y de una horda de idiotas inasequibles a la pesadumbre.
Me he propuesto volver a conectar con el artefacto y con el mundo fabuloso que me ha revelado.
4 de Primera semilla, 200 de la Cuarta Era
¡Maldición!
Al cabo de dos días de constante concentración, finalmente logré conectar con Manía de nuevo. O quizá sería más correcto decir que Manía conectó conmigo, en este campamento apartado cerca de Soledad. Ante mis ojos tomó forma un poderoso daedra: un santo dorado, con armadura resplandeciente y ojos que ardían de furia y de sorpresa. Me inquietó comprobar que los métodos ordinarios para someter a los daedra no daban ningún resultado. Cuando empezó a alzar su arma contra mí, hui.
Cualquier poder que quedase en el ámbar se encuentra inactivo. Debo encontrar otros artefactos similares y usar su magia para forjar una conexión con el mundo que he perdido.