Un señor todopoderoso merece una ofrenda todopoderosa.
Pero aquel que cayó en este lugar pidió ser recordado con humildad.
Aquellos que servimos a su mando, sin embargo, no queremos que se olvide su grandeza.
Por tanto, para honrarlo, basta con observar los comunes y brillantes hongos de los muros de esta cueva.
Ya que no importa lo poderoso o humilde que uno sea en vida,
todos regresamos a la tierra de la que brotan estas setas.