Cayeron sobre nosotros al atardecer. Decenas de ellos. Los guardas de la caravana murieron en cuestión de segundos. Se llevaron a todos a los corrales y cegaron a los que se resistían.
Uno a uno se han ido llevando a los demás... Nos entregan como alimento a esas monstruosidades, o cosas peores. No me queda mucho tiempo. Eydis, amor mío, si alguna vez recibes esto... perdóname.
Firir